Morales Jimenez Dalia Celina / Embajadora
Entre la precariedad y la búsqueda de alternativas financieras.
Nos prometieron que estudiar sería suficiente para tener un futuro estable. Pero crecimos en un país donde el título ya no nos garantiza seguridad y donde la inflación avanza más rápido que el salario.
Somos la generación que heredó la incertidumbre. La que aprendió a moverse entre la esperanza y la frustración, entre los sueldos que no alcanzan y el deseo de construir algo propio. Mientras el costo de la vida sube, la mayoría de los jóvenes seguimos atrapados en empleos precarios, sin prestaciones ni certeza de estabilidad.

Y aun así, algo se está moviendo: muchos estamos intentando entender el dinero.
Queremos aprender a invertir, ahorrar, o al menos no sentir que el sistema nos pasa por encima. Pero surge una pregunta inevitable:
¿De verdad estamos tomando el control, o solo aprendiendo a sobrevivir dentro de un sistema que no fue diseñado para nosotros?
El habitus financiero: lo que heredamos sin saberlo.
Pierre Bourdieu, sociólogo francés, hablaba del habitus: ese conjunto de costumbres, creencias y formas de pensar que aprendemos desde la infancia. Es “historia hecha cuerpo”, decía.
Aplicado al dinero, el habitus explica por qué no todos partimos del mismo punto. Hay quienes crecieron en hogares donde se hablaba de ahorro o inversión, y otros donde cada peso se estira hasta el final del mes. No es una cuestión de voluntad, sino de capital cultural: lo que aprendemos y lo que podemos imaginar como posible.
Por eso, cuando algunos jóvenes invertimos en CETES o usamos plataformas como GBM o Nu, no solo estamos decidiendo individualmente; también actuamos desde un contexto que nos dio herramientas y confianza para hacerlo. En cambio, quienes aprendieron a sobrevivir con la urgencia del día a día cargan con un habitus que les enseña que el futuro es incierto.
La desigualdad financiera, entonces, no se origina en la falta de esfuerzo, sino en la historia que cada uno hereda.

Niklas Luhmann, otro sociólogo, decía que la economía funciona como un sistema cerrado, con su propio lenguaje: aplicado en este ámbito podríamos decir, “tener o no tener dinero”. Quien no participa en ese lenguaje —por falta de recursos, educación o acceso— queda fuera de la conversación económica.
En México, millones de jóvenes trabajan en la informalidad, sin acceso al crédito o a la banca. Desde la lógica de Luhmann, no existen para el sistema financiero, aunque trabajen y produzcan todos los días. No es que no quieran integrarse, es que el sistema no los reconoce.
Por eso, muchos jóvenes estamos aprendiendo por nuestra cuenta, curso, videos, redes sociales etc. Internet se ha convertido en nuestra aula y las fintech en su primera puerta de entrada. Sin embargo, esta “democratización” también tiene límites: no todos tenemos el mismo tiempo, conexión o lenguaje para participar. Y, a su vez, abre la puerta a la generación de información falsa y estafas en las que los jóvenes podemos caer.
De heredar la incertidumbre a construir certezas
Pese a todo, los jóvenes sí estamos buscando alternativas. Desde microinversiones hasta presupuestos personales, estamos aprendiendo a usar las finanzas como herramienta, no como meta. Pero hace falta que esa búsqueda sea colectiva, no solo individual.
La educación financiera debería entenderse como una forma de resistencia social: compartir conocimiento, exigir condiciones más justas y construir redes donde hablar de dinero no sea un tabú.
Heredamos la incertidumbre, sí, pero también la posibilidad de cambiar su sentido.
Si reconocemos que el dinero es poder social (y no solo consumo), podremos aprender a moverlo con conciencia. No se trata de acumular, sino de usarlo como herramienta para vivir con dignidad y transformar, poco a poco, la realidad que nos tocó heredar.

Hola buenos días si tienes razón los jóvenes se esfuerzan demasiado está todo más competitivo y es más difícil para ellos en estos tiempos y la inestabilidad económica no les permite crecer como se debería hay más factores alrededor y no acabaría gracias por compartir espero los jóvenes de hoy pese a todo logren salir adelante y luchen por sus sueños aunque todo esté en su contra saludos 😘 bella sobrina.
Excelente reflexión, esto ayudaa entender nuestro presente y realidad, ya que lo sabemos, la pregunta es que estoy dispuesto hacer para cambiar esta realidad?, la educación conciente puede darnos respuestas. Saludos.
Estoy totalmente de acuerdo en que la clave no es la acumulación egoísta. El dinero, visto desde mi perspectiva, se convierte en una palanca para el cambio, una herramienta de transformación. No se trata solo de estar bien uno mismo, sino de usar esa capacidad económica para influir positivamente en el entorno.
Mi parte favorita, y creo que es el corazón del argumento, es:
“No se trata de acumular, sino de usarlo como herramienta para vivir con dignidad y transformar, poco a poco, la realidad que nos tocó heredar.”
Esa frase lo resume todo. El dinero debe ser un medio para la dignidad y para ir mejorando el mundo que le dejaremos a las siguientes generaciones.
Es cierto lo que dices. Cada familia es un microcosmo y las y los jovenes se mueven al ritmo de ese ambiente. Pero ¿cómo educar a las masas juveniles, sacándolos de la burbuja familiar? El estado no cumple su función regente de educar en economía y los padres no tienen las herramientas para motivarlos, no solo a ahorrar, sino a invertir.